domingo, 5 de abril de 2015

Parece que no va a llover aún, seguirá sucia la plaza...

Aquél 22 de Marzo de 2015 fue una noche que no creo que olvide. Una noche en la que mucha gente se dio cuenta que el cambio anunciado en los papeles y en las pantallas (ya fueran de ordenador o de televisión) estaba mucho mas lejos de lo que se pensaba. Una noche en la que se evidenciaba, por enésima vez, la poca fiabilidad de la que hacen gala las "sesudas" encuestas electorales que se cocinan ricamente cada vez que se acercan unos comicios (espero que tengamos en cuenta esto para los restos). Una noche en la que se demostró que, no por hacer una genial campaña (IU hizo la mejor de las campañas que se recuerdan), se pueden subsanar algunos errores tácticos y estratégicos heredados (pero a los que se esta tardando en liquidar y en rectificar) para evitar el desastre, y que, no por llenar el velódromo de Dos Hermanas se va a producir un "asalto" al gobierno andaluz. 

Ya hacía tiempo que le venía dando vueltas a dos cuestiones, y después del 22M, percivo que estas están un poco mas resueltas de lo que lo estaban días antes. La primera es: ¿la gente quiere de verdad cambio? o dicho de otro modo ¿son tan pocos los que prefieren seguir viviendo como lo llevamos haciendo desde el inicio de la crisis como se cree?. Si cogiésemos los resultados de los comicios andaluces como patrón que marca una tendencia, la pregunta estaría mas que resuelta, pero la respuesta carecería de cualquier fundamento teórico o científico, sería un dictamen muy simple, y tiendo a huir (como marxista e historiador) de esto. Para autoresponderme, he cogido un momento histórico que pueda tener elementos parecidos a los que en la actualidad existen, y tras contextualizarlos de manera individual, e intentar dar con las piezas clave de mi puzzle reflexivo. 

Aunque parezca bastante típico, he acudido a la llamada "Transición Española" (acotando temporalmente a esta desde el tardofranquismo hasta la entrada de España en la UE). Lo he hecho por dos motivos: porque he leído bastante sobre este periodo y creo tener bastantes elementos para analizarlo; y porque este contiene ciertos ingredientes que también están presentes en la situación actual.

A finales de la década de los setenta teníamos una clara crisis del régimen del 39, sus dirigentes estaban cada vez mas deslegitimados, las bases que lo justificaban se tambaleaban, y había una, cada vez mas pujante, organización de la oposición al mismo, la cual debido a su condición de ilegalidad basaba su fuerza en la lucha social mas que en la política/electoral (al fin y al cabo, el aquel cambio aún no era una realidad). Hasta aquí, excepto por la última caracterización de la oposición antifranquista, todo podría ser extrapolable a la realidad actual (osea, que con las condiciones objetivas en la mano, nada podría llevarnos a pensar que no va a haber aunque sea un mínimo cambio como sucedió tras la muerte del dictador). Pero, ¿qué pasaba cuando se le preguntaba a la gente sobre si preferían vivir o no igual que en el franquismo?, pues que, excepto para los nostálgicos, la tónica general era de rechazo a seguir viviendo como se vivía en cualquier momento del régimen franquista (y al que me acuse de lo contrario ahí están los resultados de las primeras elecciones). La población española era consciente de que el cambio era algo necesario en ese momento, que la vuelta al pasado no solo era imposible sino que era nociva.

¿Pasa actualmente esto?, es decir, si preguntamos a la gente sobre si quieren seguir viviendo como lo hacía antes de la crisis ¿sería mayoría la que apostaría decididamente por el cambio?. Recordemos que, antes de la crisis había mas trabajo, pero un trabajo altamente precario en la que existía una entrada y salida constante del paro y unas condiciones y salarios deplorables (casualmente cuando desde la izquierda señalabamos esto, el poder reaccionaba a tiempo demonizándonos). Además ese misero sueldo iba destinado a pagar la hipoteca convertida en un alquiler vital para el banco.

Pero volviendo a la pregunta. Quizás, la mayoría de la gente preguntada se posicionaría sin dudar a favor del cambio, pero lo que vale no son las palabras, son los hechos, y en mi realidad cotidiana, lo que me encuentro (y en lo que creo que debemos hacer incapié las comunistas para cambiar) es, no ya la falta de una mínima lucha política, sino una inmensa cantidad de gente para la que su trabajo por el cambio que dicen defender no va mas allá de alabarlo y preconizar su llegada desde la barra de un bar (que aunque crea que esta es otra manera de militar, cuando es masiva, es un auténtico lastre). 

La otra cuestión que me rondaba la cabeza esta relacionada con la primera: ¿se nos está vendiendo un cambio real o un cambio estético?. Para responderme a esta pregunta parto, hasta que no se me demuestre lo contrario, de considerar como valida la sospecha (muy común en estos momentos) de una operación gatopardiana que busca "cambiarlo todo para que nada cambie". Soy muy claro, creo que desde los medios se ha dado cobertura a "fuerzas de recambio" que le den un nuevo color a la misma deyección ("mierda" para quien no conozca la palabra). Y si esto me lo estaba oliendo desde hace tiempo, la fulgurante aparición de Ciudadanos en la escena estatal no ha hecho más que confirmármelo.

Para esto podría hacer la típica comparación (también muy frecuente en estos días) entre el "partido del cambio" de la Transición y los "partidos del cambio" de la actualidad. Pero esto sería una cuestión que habría que analizar mas en profundidad, porque, aun no separándose mucho de lo yo opino, si hay bastantes matices que no quiero exponer en este artículo.

Mi crítica viene por otra parte, exactamente por el mismo lugar del que viene mi crítica a mi propia organización (Izquierda Unida). Soy de la vieja convicción de que lo electoral forma parte de lo social en la lucha, y no al contrario. Con esto quiero decir que la única posibilidad que creo firmemente que existe de cambio social viene de la capacidad que se tenga de transformar las reivindicaciones sociales (y la lucha social) en propuestas políticas que, además de conformar programas electorales, sean la base de alianzas sociales (con la sociedad organizada y no organizada). Y si tomo esta creencia como fundamento, lo que puedo observar en la actualidad es que, conforme ha ido subiendo la tendencia electoralista (alentada desde los medios del régimen) ha ido descendiendo la movilización social, y de esto tienen bastante culpa, aunque no toda, todas aquellas organizaciones que se han subido a este carro y han dado a entender que puede haber un cambio importante tras una simple victoria electoral. 

Este descenso de la movilización social no solamente acarrea un descenso o un estancamiento electoral de las fuerzas progresistas (donde evidentemente meto a Podemos), sino que trae consigo un la paralización del proceso de politización de la sociedad que arranca cuando un ciclo político de movilización va cogiendo cuerpo (el 15M puede tomarse como ejemplo), y sin el cual es imposible aspirar al cambio, ya que, además de crear a mas "imprescindibles" para la lucha, sin las condiciones subjetivas (es decir, sin que la gente apueste claramente por el cambio) da igual que las objetivas estén de nuestro lado. 

Creo sólidamente en que el cambio llegará, pero el camino que se está tomando puede desviarnos tanto de esta meta que cuando lleguemos no hayamos sido los primeros.